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Inicio / Multimedia / Blog Impulso Vital / La contaminación, enemiga de nuestro corazón
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La contaminación no es solo una amenaza para el planeta en el que vivimos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aire contaminado también es responsable de problemas para nuestra salud. Incide directamente en el aumento de enfermedades cardiovasculares como el infarto, la angina de pecho, el ictus o la insuficiancia cardíaca.

 

Por esa razón, la Fundación Española del Corazón advierte que la polución es un problema de salud pública que urge erradicar. Sobre todo si tenemos en cuenta la sobreexposición que sufrimos: la OMS estima que el 80% de los residentes en ciudades respiran aire con niveles de polución por encima de lo que se considera saludable.

En concreto, la enfermedad coronaria y el ictus representan el 80% de todas las muertes causadas por la contaminación ambiental. De ahí que sean estas dos patologías las más afectadas. Según el estudio Effect Modification of Long Term Air Pollution Exposures and the Risk of Incident Cardiovascular Disease in US Women, publicado en el Journal of the American Heart Association en agosto de 2015, hay una mayor probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular entre aquellas personas que ya tienen algún otro factor de riesgo cardiovascular, como es el caso de la diabetes. Y a su vez, se considera que la polución también incide directamente en el aumento de casos de diabetes, hipertensión arterial y enfermedades respiratorias como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el cáncer.

 

¿Qué podemos hacer?

El aire contaminado que causa tales estragos en nuestra salud adquiere distintas formas. En ese conjunto diverso se encuentran las partículas de materia sólidas y líquidas provenientes de desechos del reino animal y vegetal; el ozono, principal componente de la niebla fotoquímica; el monóxido de carbono producido por la combustión incompleta del carbón y otros minerales fósiles; el dióxido de nitrógeno procedente de la combustión de carburantes fósiles y del diésel utilizado por los vehículos con motor de explosión; el dióxido de azufre que proviene de la combustión de motores alimentados con carburantes con altos niveles de sulfuro; y los compuestos orgánicos volátiles con alto contenido de carbón que se encuentran tanto en espacios abiertos como cerrados y proceden de productos para la limpieza del hogar, esmaltes, pinturas, aerosoles...

Para erradicar esa polución los expertos piden poner en marcha estrategias efectivas como leyes restrictivas a la emisión de gases tóxicos. Pero también nosotros, de manera individual, podemos cambiar algunos hábitos que conducen a un planeta más limpio. Entre las acciones que podrían ayudar a erradicar la contaminación se encuentran el uso de transporte sostenible como la bicicleta o, si no nos es posible, utilizar transporte colectivo como el metro o el autobús en lugar de conducir nuestro vehículo. Otra forma de ayudar a acabar con la contaminación es adquirir vehículos eléctricos, o al menos híbridos, que minimicen la emisión de gases contaminantes. Por último, también sería efectivo modificar los sistemas actuales de calefacción y climatización doméstica, que tienen un elevado efecto contaminante.

 

 

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