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Inicio / Multimedia / Blog Impulso Vital / Tabaco y salud cardiovascular: enemigos íntimos
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Se calcula que la mitad de los fumadores morirán por una causa relacionada con el tabaquismo. Y entre esas causas, las enfermedades cardiovasculares se encuentran en los primeros lugares de la lista. La razón es que el vínculo del tabaco con la enfermedad cardiaca es mucho más estrecho de lo que se imaginaba hace décadas. Lo demuestra el hecho de que el consumo de cigarrillos es la segunda causa de enfermedades cardiovasculares, solo por detrás de la hipertensión arterial.

No son las únicas cifras que alertan de los contundentes daños del hábito tabáquico. Otro dato es que el tabaco provoca cada año más de 7 millones de muertes, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ahí que abandonar el hábito de fumar sea clave para disfrutar de mayor calidad de vida ya que nuestro organismo se beneficiará de múltiples maneras.

Cómo actúa el tabaco en nuestro organismo

El tabaco acelera la ateroesclerosis, conocida como la enfermedad de las arterias, un proceso de degeneración que ocurre con el paso del tiempo pero que se acelera y adelanta por factores como el tabaco. Además, puede llegar incluso a producir trombos, que a su vez es posible que provoquen infartos, bien sea en el territorio cerebral o en el miocardio.

Por eso el tabaco está considerado un importante factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, hasta el punto de que las posibilidades de que una persona sufra un infarto se multiplican por dos o por tres en caso de que esa persona sea fumadora.

Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando abandonamos el tabaco

Abandonar el tabaco siempre es una buena decisión por los efectos positivos que tiene en el organismo. Los beneficios de ese abandono no tardan en hacerse evidentes. Estos son algunos de ellos:

- Mejora la respiración y reduce el cansancio.

- Disminuye la predisposición a toser y contraer infecciones.

- El deterioro de la función pulmonar se ralentiza.

- Reduce la tasa de reinfarto y muerte súbita entre un 20% y un 50%.

- Tres años después de haber dejado el tabaco, el riesgo de infarto de miocardio o accidente cerebrovascular del exfumador es el mismo que el de alguien que no haya fumado nunca.

- La piel y el rostro se recuperan del envejecimiento prematuro.

- Se recobra los sentidos de gusto y olfato.

 

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