En España, aproximadamente cada 8 minutos se produce un infarto agudo de miocardio. Conocer sus causas para poder actuar sobre ellas es una de las mejores estrategias de prevención. Estas son las claves.
¿Qué es el infarto?
Es el resultado de la oclusión o de alguna de las arterias coronarias, que son las encargadas de llevar sangre y nutrir el músculo cardiaco. Una zona del corazón deja de recibir flujo sanguíneo y eso conduce a la muerte de células cardiacas.
¿Por qué se produce?
El infarto es una de las manifestaciones de lo que llamamos cardiopatía isquémica, extremadamente frecuente en nuestro medio. La obstrucción de las arterias coronarias se produce por la aterosclerosis, que a su vez está provocada por el acúmulo de grasas y otros elementos en la pared de las arterias, estrechándolas progresivamente y llegando a obstruirlas por completo en determinado momento como consecuencia del efecto nocivo de factores de riesgo como el tabaco, la diabetes, la hipertensión, el colesterol o una combinación de todo ello. También puede haber una predisposición genética o un desencadenante emocional, pero cuando lo hay, más que la causa en sí suelen funcionar como “gatillos” que desencadenan el episodio agudo.
Además, puede haber otras causas menos frecuentes, como una embolia por trombos o un espasmo coronario, pero esto ocurre en menos del 5% de los casos.
¿Cuáles son los síntomas?
El tiempo es crucial en el tratamiento, por eso es importante reconocer los síntomas del infarto y recibir asistencia con celeridad. Estos son los principales:
- Dolor torácico. Opresión en el centro del pecho -en el lado izquierdo del tórax o en la llamada “boca del estómago”-. Típicamente, la opresión es intensa, con sensación de falta de aire (disnea), y no se modifica con los movimientos. Suele irradiarse al brazo izquierdo o la mandíbula, pero también puede hacerlo hacia la espalda entre las dos escápulas. La intensidad del dolor es variable, pero persiste durante más de 15 minutos y suele asociarse con sensación de gravedad y a veces síntomas vegetativos ((sudor frio, nauseas o vómitos y sensación de mareo). Algunos pacientes pueden presentar los días previos episodios de dolor torácico de menor duración e intensidad, frecuentemente con los esfuerzos.
- Síntomas menos frecuentes. En algunos afectados, especialmente en los diabéticos, las mujeres y los pacientes más ancianos, la presión torácica no aparece o es más leve, y las manifestaciones del infarto resultan bastante más atípicas.
- Otras manifestaciones. Un pulso cardiaco lento puede acompañar a los otros signos ya descritos. Aproximadamente una cuarta parte de los infartos de miocardio son silentes, es decir, aparecen sin dolor de pecho y sin otros síntomas.
¿Cómo actuar ante la sospecha de un infarto?
- Procurar mantener la calma. El estrés y la ansiedad afectan al corazón aumentando la frecuencia cardiaca y la tensión arterial.
- Pedir ayuda con celeridad. El tiempo es crucial. Ante los primeros síntomas, llame al teléfono de emergencias 112. Los sanitarios acudirán donde se encuentre y realizarán una primera valoración. Serán los encargados de trasladarle de la forma más rápida y segura posible al hospital y una vez llegue allí tendrá prioridad. Además, podrán empezar a administrarle el tratamiento oportuno y tratar una arritmia maligna si aparece durante el traslado.
- Buscar compañía hasta que llegue el 112. Evite estar solo en la medida de lo posible hasta que lleguen los servicios de emergencias. Si está en la calle, pida ayuda. Y no conduzca bajo ninguna circunstancia. Si no existe otra opción que acudir al hospital en coche, que sea otra persona la que le lleve.
Gracias a los avances que se han producido en las últimas décadas en la asistencia sanitaria de los pacientes con infarto agudo de miocardio, con la generalización de la técnica del cateterismo cardíaco y la mejora en el tratamiento farmacológico, la mortalidad hospitalaria ha descendido más del 50 por ciento en nuestro país. Pero para poder tratarlo, el tiempo es crucial. El infarto va evolucionando a lo largo de horas, perdiendo cada vez más músculo cardiaco. Y cuanto antes se trate, más posibilidades de supervivencia hay, y también mejor recuperación.
Medidas de prevención
Para prevenir la aparición del infarto de miocardio es fundamental mantener a raya los factores de riesgo que podemos controlar.
- Alimentación saludable. Una de las claves para cuidar tu corazón es la alimentación. Seguir la dieta mediterránea evitando grasas saturadas, sal y azúcares, además de no ingerir más calorías de las que se necesitan, es la principal recomendación.
- Ejercicio diario. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 30% de las cardiopatías isquémicas (infarto y angina de pecho) se deben al sedentarismo. Por el contrario, la actividad física protege nuestro corazón, además de ayudarnos a mantenernos en nuestro peso. En este enlace encontrarás 10 ideas para combatir el sedentarismo.
- Vigilar y reducir el nivel de colesterol elevado. Si el nivel de colesterol se dispara, superando los límites recomendados, ponemos en riesgo nuestra salud cardiovascular. La razón es que, cuando las células son incapaces de absorber todo el colesterol que circula por la sangre, el sobrante se deposita en la pared de las arterias. Y ello contribuye a su progresivo estrechamiento, originando ateroesclerosis. En caso de que la dieta y el ejercicio físico no consigan rebajar los niveles por si solos, el médico optará por un tratamiento con fármacos.
- Controlar la presión arterial. Si tenemos hipertensión, podemos rebajar sus cifras con medidas no farmacológicas basadas en hábitos saludables como la alimentación equilibrada y el ejercicio. Si es necesario podemos añadir a esas medidas la ayuda de fármacos bajo prescripción médica.
- Control de la glucosa en sangre. Otro factor de riesgo cardiovascular es la diabetes. Si no se trata a tiempo aumenta el riesgo de que aparezcan enfermedades cardiacas y cerebrovasculares. Para evitar que aparezca, pero también para mantenerla controlada si ya lo ha hecho, practicar deporte y seguir la dieta mediterránea nos servirán de ayuda igualmente.
- Dejar de fumar. Fumar también acelera la ateroesclerosis. Si queremos cuidar de nuestra salud cardiovascular, un paso imprescindible es el de dejar de fumar



