La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la hipertensión afecta a 1.280 millones de personas en todo el mundo. Sus consecuencias pueden ser graves, ya que es una de las principales causas de hemorragia cerebral, insuficiencia cardiaca y renal, además de que puede producir angina de pecho y otros eventos cardiovasculares. Por eso es importante prevenirla o, en el caso de que ya se sufra, controlarla. Estas son las claves para mantener la hipertensión a raya.
¿Qué es la hipertensión?
La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias al ser bombeada por el corazón. Hay dos cifras relacionadas con ella: la que se corresponde al momento en que se contrae el corazón, que es la más alta; y la que se refleja cuando el corazón está en reposo, entre latidos, que es la baja.
Por eso, cuando se mide la presión arterial, se dan los dos valores. El primero es la tensión sistólica (o máxima) y el segundo, la tensión diastólica (o mínima). Ambas cifras se miden en milímetros de mercurio. Cuando esos niveles de presión arterial se encuentran elevados de forma continua o sostenida, se considera que el paciente tiene hipertensión.
¿Cuáles son los valores considerados “normales”?
Aunque los valores que sirven de indicadores para saber si nuestra presión arterial es la correcta pueden variar dependiendo de factores como la edad, estas cifras pueden servir de orientación:
- Presión arterial (PA) ideal: igual o inferior a 120/80 mmHg
- PA Normal: igual o inferior a 135/85 mmHg
- PA normal alta: 136-139/86-89 mmHg
- HTA grado I: igual o superior a 140/90 mmHg
- HTA grado II: igual o superior a 160/100 mmHg
- HTA grado III o severa igual o superior a 180/110 mmHg
¿Cómo medirla?
En ocasiones, la hipertensión puede lanzar mensajes en forma de dolores de cabeza diferentes a las habituales, alteraciones visuales que no son las que solemos sufrir por tener miopía o astigmatismo, mareos inespecíficos, aturdimientos, déficits de memoria… Sin embargo, en muchos casos pasa inadvertida. Tanto que se la ha llamado la enfermedad silenciosa.
Los datos lo corroboran. Más de cuatro de cada diez adultos residentes en España, concretamente el 42,6% de la población mayor de 18 años, es hipertensa, como concluye el artículo ‘Prevalencia, diagnóstico, tratamiento y control de la hipertensión arterial en España’ publicado en Revista Española de Cardiología. Y casi la mitad de ellos desconocen que lo son. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 46% de los adultos se encuentran en esta situación.
De ahí que una primera medida para poder combatir la hipertensión sea tomarse la presión arterial al menos una vez al año a partir de los 40 años, ya que el riesgo de sufrirla aumenta con la edad.
En el centro de salud pueden tomárnosla, pero si nos la medimos nosotros mismos en casa con un tensiómetro debemos seguir las recomendaciones que se detallan en este vídeo, entre las que se encuentran estar relajado, tomarla tras al menos cinco minutos de reposo y no haber comido ni bebido sustancias excitantes en las dos horas previas.
Consecuencias de la hipertensión
Mantener a raya la hipertensión es fundamental porque esta puede acarrear complicaciones graves como infartos o ictus. Se calcula que alrededor del 25% de los infartos en Europa se atribuyen a la hipertensión, como recuerda este artículo publicado en European Journal of Preventive Cardiology.
Pero además, como explica la dra. Ana Pérez en este vídeo de la campaña #PACTOSportucorazón, la hipertensión no solo se relaciona con enfermedades cardiovasculares. La presión arterial elevada tiene un impacto directo en el corazón y las arterias, pero también en los riñones, por lo que además de aumentar el riesgo de infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca, hipertrofia del ventrículo izquierdo, arritmias o ictus, también multiplica el riesgo de insuficiencia renal.
Claves para mantener a raya la hipertensión
Hay una serie de factores llamados 'no modificables' que influyen en la aparición de la hipertensión, como la herencia genética familiar, el sexo (es más común en hombres que en mujeres), la edad (a mayor edad, mayor probabilidad de sufrirla), la menopausia o la raza (es más frecuente en raza negra). Pero también están los factores 'modificables', aquellos que contribuyen a la presencia de la hipertensión y que podemos combatir con unos hábitos saludables.
Estas son algunas de las medidas más eficaces:
Evita el tabaco
Fumar incrementa tanto la presión arterial como la frecuencia cardiaca. De ahí que abandonar el tabaco sea una de las medidas más efectivas contra la hipertensión, sobre todo si se combina con otros hábitos cardiosaludables como los que siguen.
Restringe el alcohol
El consumo excesivo de alcohol aumenta la presión arterial, además de provocar otras alteraciones perjudiciales para la salud cardiovascular.
Vigila tu peso
La obesidad y el sobrepeso también favorecen la aparición de la hipertensión, por lo que es clave controlar el peso siguiendo una alimentación equilibrada, reduciendo el consumo de grasas saturadas y no olvidándonos de frutas, verduras, legumbres y pescados combinados con aceite de oliva como grasa principal.
Restringe la sal
Reducir la cantidad de sodio en la dieta ayuda a disminuir las cifras de la presión arterial. Los cardiólogos recuerdan que aunque la sal es necesaria en el organismo en pequeñas dosis, si se sobrepasa la cantidad adecuada fomenta la retención de líquidos y el aumento de la presión arterial.
Por eso la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar los cinco gramos al día. Y cuando se habla de sal, no solo cuenta la que añadimos a la cazuela o al plato. También hay productos, como los alimentos procesados y precocinados, que contienen gran cantidad de sodio.
Ejercicio frecuente
El deporte es uno de los mejores aliados de la salud, y uno de sus beneficios es precisamente que ayuda a combatir la hipertensión. La práctica de ejercicio de forma regular y a la intensidad adecuada consigue bajar las cifras de presión arterial.
Medicación si es necesario
En caso de que las medidas anteriores no sean suficientes, la opción es combinarlas con tratamiento farmacológico. Entre los fármacos antihipertensivos prescritos por los especialistas se encuentran diuréticos, inhibidores del sistema renina angiotensina (IECA), antagonistas de los receptores de angiotensina (ARA-II), calcioantagonistas, betabloqueantes o la asociación de distintos fármacos.
Sea cual sea el régimen de tratamiento con fármacos establecido, lo relevante es que la tensión esté controlada. De lo contrario, hay que ajustar las dosis o cambiar el tipo de fármaco hasta conseguir este objetivo, y mantenerlo permanentemente.



