La encuesta nacional Estudes elaborada por el Ministerio de Sanidad reveló en su informe de 2023 que cerca de la mitad de los alumnos de 14 a 18 años (47,7%) habían tomado bebidas energéticas en los últimos 30 días. Y el 19,5% las había mezclado con alcohol. Las prevalencias de ambos consumos son las más altas registradas hasta el momento. Además, más de la mitad de los estudiantes de 14 a 18 años reconoció haber consumido alguna vez en su vida cigarrillos electrónicos (54,6%), situando el uso de estos dispositivos en el punto más alto.
Ante estos datos, el gobierno autonómico gallego aprobó en julio el proyecto de ley de protección de la salud de las personas menores y prevención de las conductas adictivas, que implicará que las bebidas energéticas quedarán equiparadas al alcohol y los vapeadores al tabaco, quedando prohibido su consumo en menores. La ley ya ha iniciado su trámite parlamentario.
Bebidas energéticas
Las bebidas energéticas llevan años creciendo en popularidad entre los más jóvenes a pesar de su nulo valor nutricional. La mayoría de ellas contiene un alto contenido en cafeína y azúcar además de otros estimulantes. Un ejemplo: según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y el Ministerio de Consumo, que elaboraron una lista de recomendaciones acerca del consumo de estas bebidas ya en 2021, una lata de 330 ml contiene de media 105,6 mg de cafeína, el equivalente a 1,32 cafés expreso, mientras que una de 500 ml contiene 160 mg de cafeína, lo que equivale a 2 cafés expreso.
Además, estudios como el de Aesan concluyen que el consumo de estas bebidas (sobre todo en grandes cantidades o mezcladas con alcohol) tiene efectos negativos en la salud física y mental. Entre ellos, riesgos cardiovasculares y neurológicos, problemas psicológicos o alteraciones del comportamiento y del sueño. El exceso de cafeína puede contribuir a problemas cardiovasculares al aumentar la presión arterial, sin contar con que tanto la cafeína como el azúcar pueden ser estimulantes para los menores. Por otro lado, algunas bebidas energéticas contienen un aminoácido llamado taurina, que está presente de forma natural en nuestro organismo en pequeñas cantidades, pero que no debería superar ciertos límites, y en muchos de estos productos se duplican esas cantidades máximas seguras.
Vapeadores
Respecto al uso de dispositivos electrónicos o vapeadores, la comunidad sanitaria señala que no son inofensivos. Aunque sus efectos a largo plazo aún se están investigando, los estudios que ya hay al respecto señalan que existen riesgos significativos asociados a ellos.
Como se explica en el Informe sobre los cigarrillos electrónicos realizado por el Ministerio de Sanidad, aunque estos productos se publicitan habitualmente como inocuos, suponen un riesgo para la salud vinculado tanto al uso como a la exposición al aerosol que emiten. Entre las principales consecuencias del consumo de vapeadores a corto plazo, el informe cita “efectos fisiológicos adversos en las vías respiratorias similares a aquellos asociados al humo del tabaco” y otros potenciales peligros por las sustancias cancerígenas que se han encontrado en los líquidos y el aerosol de los cigarrillos electrónicos, a lo que añade que se han descrito intoxicaciones y otros efectos adversos relacionados con estos productos. Por otro lado, su utilización genera “emisión de propilenglicol, partículas PM2.5, nicotina y sustancias cancerígenas que pueden contaminar los espacios cerrados, con los consecuentes riesgos por exposición pasiva”, detalla el informe.
Además de todo lo anterior, pueden provocar daño cardiovascular. Así se explica en el informe ‘Cigarrillos electrónicos: una nueva amenaza para la salud cardiovascular’, elaborado por la World Heart Federation (WHF), donde se afirma que los consumidores de cigarrillos electrónicos tienen casi el doble de probabilidades de sufrir un infarto que los no fumadores.
Otras consecuencias del vapeo apuntadas por los expertos son la elevación del ritmo cardiaco y la presión arterial, latidos cardiacos irregulares, problemas vasculares y un posible incremento del riesgo de coágulos sanguíneos. Y eso sin contar con que la nicotina es una sustancia tóxica y altamente adictiva que también se encuentra en los cigarrillos electrónicos electrónicos, lo que puede generar una alta dependencia.

De ahí que la WHF, a la que se sumó la Fundación Española del Corazón (FEC), pidiera a los gobiernos en el citado informe una regulación más estricta y una mayor supervisión de las estrategias de marketing y ventas de estos dispositivos, en un intento de poner freno a esta nueva forma de consumo de tabaco, especialmente entre la población joven.
En concreto, el informe recomienda a los gobiernos llevar a cabo una serie de acciones específicas entre las que se encuentran:
- Prohibir su venta y distribución a menores.
- Prohibir el uso de sustancias aromatizantes, especialmente aquellas que atraen a los menores.
- Llevar a cabo más estudios sobre sus efectos a largo plazo en materia de salud cardiovascular.
- Aplicarles impuestos especiales.
- Prohibir su comercialización, publicidad y afirmaciones engañosas.
- Prohibir su uso en aquellos lugares donde no se puede fumar.



