A lo largo de 60 segundos, el corazón se contrae decenas de veces para bombear sangre a todos los órganos. Es la llamada frecuencia cardiaca, una cifra importante porque ese número de latidos y su regularidad es fundamental para el correcto funcionamiento del corazón. Si esa frecuencia cardiaca no se encuentra en el rango de lo que la comunidad sanitaria considera normal, puede alertarnos de un problema.
Por eso es importante conocer nuestra frecuencia cardiaca, que depende de varios factores: la constitución, la edad, si se hace con frecuencia deporte o no, si se padece estrés... De ahí que sea muy variable de una persona a otra. Incluso la misma persona puede tener una frecuencia cardiaca muy diferente en momentos distintos del mismo día. Varía por ejemplo con las emociones, que la pueden aumentar; o con el sueño, cuando disminuye porque también lo hacen las necesidades de oxígeno en nuestro cuerpo. Medirla correctamente y de forma periódica es clave para prevenir alteraciones del ritmo cardiaco que puedan estar avisándonos de un problema que podemos tratar.
¿Cuál es la frecuencia cardiaca normal?
Se considera que tenemos una frecuencia cardiaca normal cuando el corazón se contrae entre 60 y 100 veces por minuto. Si el corazón en reposo y de manera continuada late más de 100 veces por minuto, es necesario chequear que no haya un problema asociado. Algunas patologías no cardiacas como anemia o problemas tiroideos pueden favorecer frecuencias cardiacas superiores a lo normal. En caso de que no nos encontremos en ninguna de estas situaciones y la frecuencia cardiaca sea persistentemente superior a lo normal, conviene acudir al médico para que, a través de un electrocardiograma, pueda decirnos cuál es exactamente nuestra frecuencia cardiaca y si hay alguna alteración en el ritmo del corazón.
Cómo medirla
Como la frecuencia cardiaca varía con la actividad, siempre debemos medirla sentados, en reposo y en un ambiente templado. También se recomienda no haber consumido cafeína o excitantes en las horas previas a la medición.
- La frecuencia cardiaca se mide tomando el pulso en la muñeca. Como explicamos en este vídeo, debemos colocar los dedos índice y corazón sobre la arteria radial, que se encuentra en la parte lateral de la muñeca, justo debajo del pulgar.
- En esa posición, solo hay que aplicar la presión justa hasta que notes los latidos de tu corazón.
- Al sentir el primer latido, ya podemos calcular cuántos se producen durante 15 segundos y multiplicar el resultado por 4, que será la frecuencia basal.
Con este simple gesto podemos detectar de forma temprana alteraciones como la fibrilación auricular, la arritmia cardiaca que afecta con más frecuencia a la población - se estima que 1 de cada 3 personas desarrollará fibrilación auricular en algún momento a lo largo de su vida-, y con ello prevenir sus posibles complicaciones.
Siente tu ritmo
La fibrilación auricular es una alteración del ritmo cardiaco caracterizada por una irregularidad de los latidos. Normalmente causa una aceleración de la frecuencia cardiaca (taquicardia), aunque en ocasiones puede cursar con una frecuencia cardiaca normal o incluso baja. Si detectas un pulso por debajo de 40 o por encima de 120 pulsaciones por minuto de forma repetida, consulta con tu médico.
Qué es la fibrilación auricular
En general, la fibrilación auricular es una arritmia “benigna”, pero si la frecuencia cardiaca se acelera demasiado o la arritmia aparece en un paciente con cardiopatía previa pueden producirse consecuencias peligrosas.
Para concienciar a la población sobre la importancia del diagnóstico precoz de la fibrilación auricular, la Sociedad Española de Cardiología (SEC), a través de su Asociación del Ritmo Cardiaco, y la Fundación Española del Corazón (FEC), con el apoyo de su Organización de Asociaciones de Pacientes, han puesto en marcha la campaña de concienciación ‘Siente tu ritmo: tómate el pulso’.
Como explica el doctor Andrés Íñiguez, presidente de la FEC, en este vídeo de la campaña, la fibrilación auricular es una arritmia que aumenta con la edad. La padece el 2% de la población general, pero en las personas de más de 70 años este porcentaje aumenta al 9% y hasta en un 18% en quienes tienen más de 80 años. “Ocasiona en el mundo más de 300.000 muertes al año y aumenta el riesgo de padecer otros eventos: multiplica por cuatro o por cinco el riesgo de accidente cerebrovascular y por dos el riesgo de infarto, además de aumentar un 75% el riesgo de tromboembolismo. De ahí la necesidad de la detección precoz”.
Para mantener una buena frecuencia cardiaca basal, el consejo de los cardiólogos es mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente y controlar factores de riesgo como la hipertensión o la diabetes, que son fundamentales para reducir las probabilidades de desarrollar esta arritmia. Además, evitar el consumo de alcohol y tabaco también juega un papel clave.



